Mariluz Escribano
En conmemoración al Día del Libro, el próximo 23 de abril, la entrada de esta semana tratará sobre Mariluz Escribano, una autora recomendada este año por el Centro Andaluz de las Letras (CAL).
En primer lugar, El Centro Andaluz de las Letras es un organismo que se dedica a promover los libros andaluces y así como impulsar su producción. Tiene su sede en Málaga.
Mariluz nació en Granada, de un matrimonio de profesores de la Escuela Normal de Maestros. Con un año de edad, su padre fue fusilado por el régimen franquista, lo que la convirtió en una profesora, escritora y poetisa muy comprometida con las injusticias de la Guerra Civil Española. Obtuvo varios premios, entre ellos, el Premio Andalucía de la Crítica por su obra Umbrales de otoño (2014).
Haciendo una búsqueda simple en internet no he encontrado demasiados datos sobre ella, sin embargo, poniendo su nombre en Google Scholar, aparece un ensayo precioso escrito por Remedios Sánchez García, otra escritora, crítica y profesora de la Universidad de Granada.
Sánchez García la define como una referente ética, un modelo de vida para las próximas generaciones. Explica su vida desde que nació: la muerte de su padre, su infancia en Granada (a la que dedica bonitos versos que permiten a los lectores sentirse en la ciudad), sus veranos en Madrid, la preparación que le dio su madre para enfrentarla al mundo: "darle un porvenir y acostumbrarla a defenderse en un mundo de injusticias, crueldad innecesaria y maldad en cada esquina".
Uno de los poemas que más me ha gustado de Mariluz Escribano se llama Los ojos de mi padre, perteneciente a su obra Umbrales de Otoño. Admiro la forma de plasmar su recuerdo y dolor por su pérdida en un poema tan bonito. Además, me hace empatizar con la dureza de pensar que le arrebataron a su padre solo por su ideología y ayudar a los demás.
LOS OJOS DE MI PADRE
Los ojos de mi padre,
los ojos de mi padre,
mirándome en la patria cereal de los trigos,
en un tiempo de cunas
mecidas por el viento de la guerra,
mirando cómo crezco
en los abecedarios
y conquisto sonidos primitivos,
balbuceos, palabras necesarias,
porque él me empuja y vuelve,
desde su corazón y sus espigas,
su corazón de tierra y manantiales,
patria de tierra y gritos apagados.
Mi padre es un silencio
que mira cómo crezco.
Sus manos me conforman,
me miran la estatura,
la dimensión del cuerpo,
averiguan gozosas
que me elevo en trigal.
Las manos de mi padre
tocan mi cuerpo y cantan,
y yo sé que me acunan
con nanas de caballos,
con la salmodia triste del judío,
del converso que habita por su sangre.
Pero paseo con mi padre.
Abandono en sus manos
mis manos tan pequeñas,
y al calor de su sangre
mis pulsaciones tienen
una ambición de tiempos.
En las luces inquietas de la tarde,
al borde de la noche,
vamos pisando hierbas, territorios,
ríos como torrentes, manantiales,
horizontes donde la niebla habita,
paisajes metalúrgicos y bosques,
ciudades, vientos, cordilleras,
blancas constelaciones.
Camino con mi padre.
Me nombra a las palomas,
pájaros migratorios,
aguanieves que rozan las praderas,
alcaudones de viento,
golondrinas, gorriones, avefrías.
Y todo pasa y llega de su mano,
y a mi infancia regresa
el calor confortable de su sangre.
Cuando llegan los días de septiembre,
láminas del otoño,
las madrugadas frías y estrelladas
detienen sus palabras.
Pero es sólo un instante
de sangre y de fusiles
porque mi padre vuelve del silencio
y pasea conmigo
el callado silencio de las calles,
y los campos sembrados
y las constelaciones,
y su voz de madera me acompaña, me mira cómo crezco.
Todo el mundo conoce
que heredé de mi padre una bandera.
horizontes donde la niebla habita,
paisajes metalúrgicos y bosques,
ciudades, vientos, cordilleras,
blancas constelaciones.
Camino con mi padre.
Me nombra a las palomas,
pájaros migratorios,
aguanieves que rozan las praderas,
alcaudones de viento,
golondrinas, gorriones, avefrías.
Y todo pasa y llega de su mano,
y a mi infancia regresa
el calor confortable de su sangre.
Cuando llegan los días de septiembre,
láminas del otoño,
las madrugadas frías y estrelladas
detienen sus palabras.
Pero es sólo un instante
de sangre y de fusiles
porque mi padre vuelve del silencio
y pasea conmigo
el callado silencio de las calles,
y los campos sembrados
y las constelaciones,
y su voz de madera me acompaña, me mira cómo crezco.
Todo el mundo conoce
que heredé de mi padre una bandera.
De Umbrales de otoño, Hiperión, 2013
Fuentes:
Centro Andaluz de las Letras. (2021). Andalucia.org.
SÁNCHEZ GARCÍA, R. E. M. E. D. I. O. S. (2020). Mariluz Escribano, historia de una Maestra (cuando la ausencia es un dolor y una bandera). Álabe, (21).
Sarria, J. (2014). El color de la memoria. Sur: Revista de literatura, (3), 8.

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